No quiero que ella venga, no de nuevo, no otra vez, no hoy. Puede que no me entiendas, tú no la puedes ver, más bien, nade puede verla más que yo. Puede que no me creas, nadie me cree, nadie me escucha, sólo ella me escucha, ella nunca me deja sola, yo no puedo estar sola.
Desperté esta mañana y ella estaba ahí, al pie de mi cama, mirándome como siempre, traté de ignorarla pero ella me tomó en sus brazos y no me soltó, grité pero nadie me podría escuchar pues ella acallaba todo el ruido con su presencia. Tengo frío, tengo miedo, pero ella no me soltará, nunca lo hace.
Me mira con sus ojos negros, tan profundos que siento que mira dentro de mí, me perturba lo que pueda hacerme siquiera con su mirada, me aterra más que las marcas que deja en mi cuerpo, como moretones cada vez que me visita, pero nadie los ve, sólo yo veo lo que hace.
Hace tiempo que está aquí, tanto que ya no tengo recuerdos en los que ella no esté conmigo, pero ella no me dejará, ella me ama, me hace daño.
“¿Quieres jugar?” me dice, “Yo estaré contigo siempre” me dice, pero sólo yo la escucho.
Cuando es de noche y puedo sentirme oculta bajo la oscuridad trato de transportarme mentalmente a otro lugar, uno donde esté sola, pero sé que no será posible y comienzo a llorar, luego aparece y limpia mis lágrimas, ella me ama, ella me hace daño, ella se queda conmigo.
Hace tiempo que está aquí, tanto que ya no tengo recuerdos en los que ella no esté conmigo, pero ella no me dejará, ella me ama, me hace daño.
“¿Quieres jugar?” me dice, “Yo estaré contigo siempre” me dice, pero sólo yo la escucho.
Cuando es de noche y puedo sentirme oculta bajo la oscuridad trato de transportarme mentalmente a otro lugar, uno donde esté sola, pero sé que no será posible y comienzo a llorar, luego aparece y limpia mis lágrimas, ella me ama, ella me hace daño, ella se queda conmigo.