14 de noviembre de 2013

Remolino

Así de bello como cuando un tierno recuerdo se vuele una cálida aflicción, como los cúmulos de desesperación que te hacen compañía cada mañana al despertar.
No es nada curioso, nada inexplicable, más no es algo ordinario o normal, al menos, no lo sería para mí.
Pero no me conoces y yo no te conozco a ti, ¿qué habría de saber yo?
Yo que sólo soy alguien más dentro de este torbellino, alguien más que se deja llevar por la corriente, ahogándose una y otra vez dentro de la misma monotonía, una en la que se han ahogado muchos, más de una vez.
Cuando cambias de dirección no hay más elección que de regresar al estado en el que estabas anteriormente, pues la corriente es muy fuerte y tú eres muy débil, así como muchos lo son, otros no tanto.
Pero la vida es dulce, y aquellos recuerdos no hacen más que volver a ti una y otra vez, haciéndote sentir la misma cálida aflicción, ésa que no duele, al menos ya no tanto, y te has acostumbrado a ella, cosa que no debería pasar.
Deberías dormir un poco, mucho, o simplemente despertar, de tu letargo, incluso aunque hayas estado más despierto de lo que nunca estuviste.