El frío me envolvía como siempre, sin embargo ahora lo sentía más, la sensación gélida de la nieve me envolvía y eso, curiosamente, me hacía sentir en casa, pero no estaba ahí, por supuesto que no, me encontraba solo, cubierto por un ligero manto níveo que hacía que mi piel destellara con los aún ligeros rayos de sol que comienzan a dejarse ver.
No hace mucho que tomé la decisión de marcharme, huir de todo y no volver jamás, aún cuando el recuerdo de cada una de las personas a las que dejé atrás, el cúmulo de imágenes mentales que cada vez se volvían más difusas, pero ya estaba acostumbrado a eso.
Podría decirse que me encontraba feliz, no tenía de qué preocuparme, como lo dije antes, todo lo había dejado atrás, quizás muchos lo considerarían algo innecesario, pero para mí lo era, lo era con demasía, no podía dejar que me vieran la cara, no otra vez. Yo... yo los había visto varias veces, no una, no dos, fueron tantas que mis intentos de bloquear esos recuerdos de mi mente eran totalmente fallidos, yo la había visto a ella así como ella me había visto a mí, y aún así, nunca paró, nunca dejó de hacerlo, y yo que lo permití, eso tampoco podría perdonármelo jamás.
Pero no debería pensar en ello, no, no, no, no, no puedo.
No debo.
Duele, sí, ¿lo sientes también? ¿Acaso no es un sentimiento muy bello?
El dolor no es más que lo que nos hace sentirnos humanos, y ¿cómo yo he de sentirme
humano después de todo lo que he visto? ¿De todo lo que no hice? Yo... yo no lo evité, lo sé, lo
sé, lo sé, duele, el... el frío, lo siento, ¿lo sientes? Es hermoso, ¿no?
Ya no siento mis manos, pero no importa, nada importará muy pronto.
Nada importó mucho realmente.
Sólo ella, y lo permití.
Él.
No pude.
Iré con ellos, ¿no es hermoso?
No siento mis pies, quizá de tanto correr, aunque he caído y no me puedo mover.
El cielo, ¿no es hermoso? Es gris, pero pronto no lo será y la nieve dejará de caer.
Ya no sient-...